Dieta saludable: recuperando los sabores reales de la comida

Siguiendo con el artículo que comencé hace unos días, continuo hablando de lo que es para mí una dieta sana.

El otro día comentaba que no todas las personas necesitamos lo mismo para estar bien, el truco esta en encontrar nuestro equilibrio particular. Hay muchas maneras de hacerlo, pero las primeras claves se basan en escuchar a nuestro cuerpo, reeducar nuestro paladar y nuestra forma de alimentarnos.



Algo que curiosamente pasa desapercibido a la mayoría de las personas es el como nuestro paladar se ha ido olvidando de los sabores tradicionales. Se puede observar sobre todo en los niños, que están acostumbrados a merendar chucherias y alimentos procesados, nadie les culpa de que prefieran eso a otra cosa, pues además de estar acostumbrados y recibirlo muchas veces como premio, este tipo de alimentos contienen potenciadores de sabor, envoltorios llamativos y regalos infantiles que los hacen más atractivos a los sentidos. Pero es aquí donde deberíamos pararnos a pensar y hacer una reflexión ¿Es así como queremos alimentarnos o alimentar a nuestros hijos?

Los potenciadores de sabor funcionan dándole a la comida un gusto más pronunciado, haciendo que nuestro paladar reaccione ante una explosión de sabor, en lugar de "apreciar unas insípidas acelgas". Un ejemplo de potenciador de sabor que todos conocemos y estamos familiarizados, es la sal de mesa, pues ella no añade un gusto particular al alimento, sino que refuerza el sabor de la comida haciéndolo más sabroso... El problema como siempre es no usarla de manera adecuada y añadirla en cantidades industriales a todo. Muchos alimentos procesados tienen incluida la sal o el azúcar en su composición y esto nos puede ayudar a la hora de decidirnos por una u otra opción. Aunque la opción más sana a mi parecer es prescindir en lo máximo de los posible de los alimentos procesados.

Sal y pimienta, la pareja perfecta.

Una buena costumbre al ir al supermercado a hacer la compra es leer siempre las etiquetas para identificar los ingredientes, pues muchas veces lo que creemos comprar esta compuesto de otro tipo de elementos que en principio no deseamos, sobre todo si padecemos alguna alergia, enfermedad o trastorno alimentario. También está bien saber lo que comemos, pues como comentaba en el artículo anterior puede que alguno de los constituyentes nos siente mal y al llevar nuestro diario personal de alimentación podremos ir atando cabos para eliminar esos alimentos de nuestra dieta, o reducir su consumo a ocasiones especiales. Te recomiendo que leas el siguiente artículo del Blog Gominolas de Petroleo para que aprendas a diferenciar entre el envase y lo que realmente está envasado :)

Fotografía de una ensalada fresca
Yo me quedo con los alimentos frescos en lugar de los envasados

Si no podemos consumir sal podemos usar especias para realzar el sabor de las comidas, eso sí siempre de manera moderada, ya que no es lo mismo poner una pizca de pimentón a unas lentejas sin chorizo, que ponerle todo el bote y que luego no haya quien se las coma... Podéis hacer un montón de pruebas con diferentes especias, combinándolas entre sí, con sabores dulces o salados... Es todo un arte culinario que además a mi me resulta tremendamente entretenido.

Para los que tengáis el problema con el azúcar y no tengáis diabetes, esta se puede sustituir por otro tipo de endulzantes como la miel, la estevia (personalmente prefiero usar la planta seca aunque sea menos práctico), el regaliz... También podemos engañar un poco a nuestros sentidos y poner una pizca de canela, vainilla u otra especia que se suela utilizar en dulces... Parece que no pero funciona, el olor a canela muchas veces va asociado con postres dulces como natillas, torrijas, flanes... Y al final es la combinación de los sentidos la que termina produciéndonos placer o repulsión (me ha venido a la mente justo en este momento la película de La Naranja Mecánica).

Miel, una alternativa al azúcar
Que pinta más buena

Cambiando un poco nuestros hábitos podemos conseguir reeducar nuestro paladar y evitar el consumo exagerado de algunos alimentos.

Yo por ejemplo descubrí el verdadero sabor de algunas comidas hace relativamente poco y tras un periodo de adecuación, al final creo que me gustan incluso más que antes. También he cambiado algunos hábitos como ponerle azúcar al yogur natural intercambiándolo con frutas trituradas como plátanos, peras, fresas, kiwis... También podemos ponerle miel, mermelada casera, frutos secos con miel, frutas deshidratadas...

Como siempre no vengo a condenar el consumo responsable u ocasional de alimentos procesados, a todos nos gusta darnos un capricho de vez en cuando. El problema es que observando el mundo que me rodea y siendo solo una consumidora más, veo prácticas que no me gustan nada y que creo podrían evitarse volviendo a recuperar sabores tradicionales y teniendo especial cuidado con nuestra alimentación personal.

Como veo que estos artículos quedan un pelín largos, los estoy dividiendo en capítulos, para hacer más cómoda su lectura y así poder hablar de todos los temas un poquito, investigando, aprendiendo y repasando mis errores y aciertos.

Puedes aportar sugerencias sin problema a través de los comentarios. Estaré muy agradecida.



¿Quieres saber más sobre el tema? Te dejo unos enlaces que me han parecido interesantes para que tu puedas sacar tus propias conclusiones:

Lista de aditivos alimentarios

El nutricionista de la general

Un potenciador de sabor: umami

Sin conservantes ni colorantes

Glutamato monosódico

Ácido glutámico


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