Fragmento Parque Jurásico

Ustedes saben de lo que aquí se trata en realidad. Todo este intento por controlar... Estamos hablando de actitudes occidentales que tienen quinientos años de antiguedad. Comenzaron en la época en la que Florencia, en Italia, era la ciudad más importante del mundo. La idea básica de la ciencia, que había una nueva manera de contemplar la realidad, que era objetiva, que no dependía de creencias o nacionalidades, que era racional, era una idea fresca y emocionante en aquel entonces, ofrecia promesas y esperanza para el futuro, y borraba de un plumazo el antiguo sistema medieval, que tenía centenares de años de antiguedad. El mundo medieval de la política feudal, de los dogmas religioso y de las odiosas supersticiones, cayó ante la ciencia. Pero, en honor a la verdad, eso se debía a que el mundo medieval realmente ya no funcionaba: no funcionaba en lo económico, no lo hacía en lo intelectual y no encajaba en el nuevo mundo que llegaba.

Malcolm tosió.

-Pero ahora -continuó- es la ciencia el sistema de creencias que tiene centenares de años de antiguedad. Y, al igual que el sistema medieval que la precedió, la ciencia está empezando a mostrarse inadecuada para el mundo.  La ciencia ha obtenido tanto poder que sus límites prácticos comienzan a ser evidentes; es debido a la ciencia, principalmente, miles de millones de nosotros vivimos en un mundo pequeño, muy apretados e intercomunicandonos. Pero la ciencia no puede ayudarnos a decidir que hacer con ese mundo o cómo vivir. La ciencia puede elaborar un reactor nuclear, pero no nos puede decir que no lo construyamos. La ciencia puede fabricar plaguicidas, pero no nos puede decir que no los usemos. Y nuestro mundo empieza a estar contaminado en áreas fundamentales, el aire, el agua y la tierra, como consecuencia de la ingobernableciencia. -Suspiró-. Todo esto es obvio para cualquiera. [...]

-Al mismo tiempo la gran justificación intelectual de la ciencia desapareció. Incluso desde Newton y Descartes, la ciencia nos brindó explícitamente la visión de un control total. La ciencia afirmó tener el poder de, a la larga, conocerlo todo, a través de su comprensión de las leyes naturales. Pero, en el siglo XX, esa afirmación se hizo pedazos, más allá de toda posible reparación: primero, el principio de incertidumbre de Heisenberg fijó límites a lo que podemos saber sobre el mundo subatómico. "Oh, está bien -decimos-, ninguno de nosotros vive en el mundo subatómico. Eso no establece diferencia práctica alguna en nuestro paso por la vida." Después el teorema de Gödel fijó límites similares a la matemática, el lenguaje formal de la ciencia: los matemáticos solían creer que su lenguaje gozaba de alguna exactitud intrínseca especial, de la forma en que pensábamos que era.

Y ahora la teoría del caos demuestra que lo imprevisible está dentro de nuestras vidas diarias. Que es algo tan mundano como la tormenta que no podemos predecir. Y asi, la gran visión de la ciencia, que ya tiene centenares de años de antiguedad -el sueño del control total- ha muerto en nuestro siglo. Y con ello gran parte de la justificación , lo racional de la ciencia al hacer lo que hace. Y solo nos queda el escucharla. La ciencia siempre ha dicho que ahora no podemos saberlo todo, más que lo conoceremos algún día. Pero ya vemos que esto no es cierto. Que sólo es una loca jactancia. Como la de los locos, los mal encaminados, como el niño que salta desde lo alto de un edificio solo porque cree que puede volar.


Otro interesante fragmento del Dr. Malcolm:

–Pero entonces perderíamos todos los progresos…

–¿Qué progresos? –preguntó Malcolm, irritado. –La cantidad de horas que las mujeres le dedican al cuidado del hogar no ha cambiado desde 1930, a pesar de todos los progresos. Todas las aspiradoras, lavadoras-secadoras, trituradoras de basura, eliminadoras de desperdicios, telas que se lavan y se usan sin planchado… ¿Por qué limpiar la casa requiere tanto tiempo, todavía, como en 1930?

Ellie no dijo nada.

–Porque no ha habido progreso ninguno –se autorrespondió Malcolm–. No verdadero progreso. Treinta mil años atrás, cuando los hombres estaban haciendo pinturas rupestres en Lascaux, trabajaban veinte horas semanales para abastecerse de alimento, refugio y vestido. El resto del tiempo podían jugar, o dormir, o hacer lo que quisieran. Y vivían en un mundo natural, con aire puro, agua pura, hermosos árboles y ocasos. Piense en eso: veinte horas por semana. Hace treinta mil años.

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